1/1/08

El viejo cine de Algarrobo


Poníamos mis amigos y yo cara de adultos para poder entrar a ver esas películas ultrarrepetidas de terror en el cine Algarrobo. Nos creíamos lo máximo por esa hazaña. Éramos quinceañeros, disfrutábamos cada momento, nos alimentábamos de papas fritas de El Hoyo y algunas cervezas clandestinas en la playa del Yachting.

Ver El Resplandor fue dramático para mi, no porque sintiera miedo, sino porque en la oscuridad de la sala no pude ver una tabla levantada del piso, cayendo literalmente de hocico al suelo. No cuento todo lo que me gritaron. Cuando mis amigos y yo encontramos por fin unas butacas vacías sucedió lo que no tenía que suceder: al sentarme, la mía se desarmó por completo, cayendo al suelo por segunda vez, con estruendo.

Al primer corte de la película sentí que todos me miraban, y para mi desgracia el cine estaba lleno de cabros chicos como nosotros, todos muy molestosos, más aun los conocidos. Tuve que tragarme un saco de bromas, una tras otra, durante casi toda la película, que duró el doble de lo normal, porque los cortes siguieron, como era costumbre, además, en ese recordado cine.

Ya casi al final de la película, cuando Jack Nicholson (Torrance en la pantalla) rompía a hachazo limpio la puerta del baño para matar a su familia, cayó desde la galería un gato, (siempre había gatos) sobre la cabeza de alguien que gritó casi tan fuerte como el mismo gato, y terminó robándose la película, para fortuna mía.

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Desde la playa del Deportivo Nacional hasta Las Cadenas, centenares de carpas multicolores, alineadas perfectamente, se armaban y desarmaban a diario. Eran los antigüos "vestidores". Tenían un toldo, que resultaba muy práctico, y todas ellas ocupaban un espacio predeterminado. Uno decía "voy a la carpa de..." y allí estaban los amigos de siempre, los amigos de la temporada de vacaciones.

De una temporada a otra desaparecieron; pero tengo la impresión que muchas permanecen guardadas en alguna bodega o pieza de cachureos, esperando que algún día sean armadas y luzcan como hace 25 o 30 años. Nadie extrañe si el próximo verano hay al menos una, ya desteñida, frente al muelle viejo.



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Viña del Mar, Chile



Nacer del sol, nacer en Algarrobo

Allí, "donde he sido más feliz",
me encuentro contigo,
para conversar largamente
acerca de todo,
recordándote en paz,
con amor.

Algarrobo es mucho más bello contigo,
el mar resplandece con tu presencia,
mis pasos se dirigen a tu puerta,
para que me acojas nuevamente,
y con tu ternura de siempre
calmes mi temor.

Naceremos del sol,
como hace tiempo,
aguarda paciente,
que yo también deseo
volver algún día
a nacer en Algarrobo.




Kiara, el amor platónico del Cholo.