8/4/08

"Instante"


No resulta fácil describir todas las emociones que siento cada vez que llego a Algarrobo; de hecho no se bien qué provoca el cambio casi repentino en mi estado de ánimo cuando me aproximo a ese lugar; tal vez sea aquel túnel de eucaliptus, a la llegada, que anuncia los aromas más recordados, o quizás sea el islote Pájaros Niños que, con bosque o sin él, me dice que efectivamente estoy donde quería llegar; puede ser también aquel muelle viejo, que tiene sus pilares anclados en mi memoria; probablemente aquella enorme roca asentada en la calle, frente al club de yates, haga lo suyo; con mayor seguridad, puede ser la sonrisa afable de la Sra Rita que permanece plasmada en su kiosko frente al mar; a lo mejor sea la chimenea, que espera ansiosa, incluso en verano, ser encendida; quizás la quebrada Santa Teresita provoque en mí más emociones de las que vislumbro ahora; sospecho que los muros de granito, verdaderos rompecabezas, ejercen un magnetismo imperceptible; en fin, podría seguir, y nombrar los bosques de El Canelo, la textura de la arena de la playa El Yatching, el estruendo sobrecogedor de las olas de Mirasol, los pelícanos de San Pedro, los pinguinos que cada cierto tiempo se dejan ver en la playa, etc, sin embargo, Algarrobo es mucho más que todo lo anterior, es un lugar de encuentro, de apertura, de agradecimiento, que es aún más difícil de explicar.
Y es que en Algarrobo no falta nada, todo está allí: las penas más profundas, las alegrías más queridas, los esfuerzos de días interminables de estudio, las celebraciones más recordadas, los amigos de infancia más traviesos, las primeras conquistas, los asados más deleitados, el fuego más cálido, la sirena de bomberos más insistente, las papayas más jugosas, las películas más cortadas, las paseos de curso más numerosos, las curaderas más denigrantes, los perros más fieles, las pescas más entretenidas, los paracaidistas de verano más predecibles, el mejor patio para esconder-buscar huevos de pascua, las más maravillosas puestas de sol, solo o acompañado, los bosques de pinos más generosos en piñas, el mar más frío de la costa central y la otitis recurrente, los paseos más extensos por sus playas, las lluvias más observadas, las flores más dedicadas, los picaflores más esperados, el naranjo más duradero, la brisa más refrescante, el sol más anhelado.
Como casi todo aquello valioso, Algarrobo es una mezcla de cosas precisas y recuerdos. En definitiva, Algarrobo es mucho más que un lugar, es aquello que, creo, todos sabemos existe, y buscamos a lo largo de nuestra vida, es aquel "instante" en que nos reconocemos felices, plenos, tal como cuando llegamos al destino después de un viaje. Todos tenemos nuestro "Algarrobo" propio, y en mi caso debieron pasar almenos 40 años para darme cuenta que siempre estuvo allí, sólo había que contemplarlo con el mismo desapego de las mareas que cubren las rocas para después retroceder y dejarlas al descubierto, sin pedir nada, sólo agradeciendo ser parte de la vida, porque se es ola cuando nuestra mirada penetra el mar, y se es viento cuando el rostro se alegra de sentirlo. No soy creyente en absoluto, pero sí creo en lo que he intentado describir aquí, pues, no puedo negarlo, escribir acerca de Algarrobo me hace creer que no se trata de una ilusión, sino, por el contrario, una verdad que, poco a poco, comienzo a descubrir.
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Desde la playa del Deportivo Nacional hasta Las Cadenas, centenares de carpas multicolores, alineadas perfectamente, se armaban y desarmaban a diario. Eran los antigüos "vestidores". Tenían un toldo, que resultaba muy práctico, y todas ellas ocupaban un espacio predeterminado. Uno decía "voy a la carpa de..." y allí estaban los amigos de siempre, los amigos de la temporada de vacaciones.

De una temporada a otra desaparecieron; pero tengo la impresión que muchas permanecen guardadas en alguna bodega o pieza de cachureos, esperando que algún día sean armadas y luzcan como hace 25 o 30 años. Nadie extrañe si el próximo verano hay al menos una, ya desteñida, frente al muelle viejo.



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Viña del Mar, Chile



Nacer del sol, nacer en Algarrobo

Allí, "donde he sido más feliz",
me encuentro contigo,
para conversar largamente
acerca de todo,
recordándote en paz,
con amor.

Algarrobo es mucho más bello contigo,
el mar resplandece con tu presencia,
mis pasos se dirigen a tu puerta,
para que me acojas nuevamente,
y con tu ternura de siempre
calmes mi temor.

Naceremos del sol,
como hace tiempo,
aguarda paciente,
que yo también deseo
volver algún día
a nacer en Algarrobo.




Kiara, el amor platónico del Cholo.